Cereales integrales

Los granos de cereal están formados por varias partes:

  • El salvado: es la parte exterior o cáscara, rica en fibra.
  • El germen: es la reserva de nutrientes de la semilla, rico en vitaminas y minerales.
  • El endospermo: la parte rica en almidón.

El cereal refinado solo conserva el endospermo, es decir, el almidón. En cambio los cereales integrales, suponen una fuente rica en fibra, que ayuda en la función intestinal además de proteger del cáncer de colon.

Además, cuando se consume el cereal entero, el almidón acompañado de la fibra reduce la respuesta insulínica convirtiéndose en un alimento de bajo índice glucémico (la glucosa se libera poco a poco evitando picos de glucemia), lo que es más recomendable para todo el mundo, pero en especial para los diabéticos. Gracias a la fibra y a la absorción lenta de la glucosa, la sensación de saciedad que proporciona el cereal integral es más larga y acusada (el aporte calórico es el mismo). Por su parte el germen aporta vitamina E, vitaminas del grupo B, ácido fólico, fósforo, zic, magnesio, ácidos grasos esenciales, antioxidantes.

Entonces, ¿por qué renunciar a todos eso nutrientes y beneficios?  Durante la Revolución Industrial se generalizó el consumo de cereales refinados, el motivo, porque los cereales eran  mucho más fáciles de conservar por largo tiempo sin que se estropearan, lo que facilitaba su almacenamiento y transporte por parte de las grandes industrias.

Solo son más recomendables los cereales refinados que los integrales en situaciones de problemas intestinales, como diarrea o gastroenteritis, o cualquier otro episodio que requiera una dieta de protección gástrica o astringente, o en los brotes de colitis y de enfermedad de Crohn.

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